Por: Muriel Ramírez | Coordinadora y vocera de la Comisión de Defensa del Comercio Formal (CODECOF)

El comercio electrónico llegó para quedarse. En Centroamérica y el mundo, el e-commerce es motor de productividad: reduce fricciones, amplía mercados, conecta a las MIPYMES  con nuevos clientes y mejora la experiencia del consumidor. 

 Pero la misma infraestructura que facilita el comercio formal —plataformas, logística, pagos digitales y redes sociales — también está siendo explotada por redes criminales para vender 
productos falsificados o de contrabando, con un costo que suele pasar desapercibido… hasta que el daño ocurre. 

El reto no es “ir en contra” del e-commerce. El reto es evitar que el e-commerce sea secuestrado por economías ilícitas  que erosionan la competencia leal, debilitan la recaudación, deterioran la confianza y ponen en riesgo la salud y seguridad de las familias. 

UN PROBLEMA GLOBAL QUE YA OPERA A ESCALA INDUSTRIAL 

A nivel mundial, el comercio de falsificaciones no es marginal: la OCDE estima que, en 2021, los bienes falsificados y pirateados representaron USD 467 mil millones, equivalentes a 2.3% de las 
importaciones globales. 

Este crecimiento se potencia por una tendencia crítica: el “modo hormiga” del comercio ilícito digital. En 2020–2021, alrededor de 65% de las incautaciones estuvieron vinculadas a paquetes 
pequeños y correo, señalando un desplazamiento hacia envíos de bajo riesgo operativo y alto volumen. 

En paralelo, la Organización Mundial de Aduanas advierte que el e-commerce y la proliferación de pequeñas consignaciones siguen siendo un desafío mayor para las aduanas, no solo por 
propiedad intelectual, sino también por mercancías que afectan salud, seguridad, ingresos y control. 

¿POR QUÉ EL E-COMMERCE RESULTA TAN ATRACTIVO PARA LAS REDES CRIMINALES? 

Porque ofrece ventajas que, usadas con fines ilícitos, son enormes: 

  1. Anonimato y fragmentación: múltiples cuentas, identidades falsas, “tiendas” efímeras, catálogos cambiantes. 
  1. Escala y alcance: un vendedor ilegal puede acceder a miles de consumidores sin presencia física. 
  1. Logística distribuida: envíos fraccionados y rutas flexibles reducen la probabilidad de detección. 
  1. Pago y mensajería integrados: la venta migra de una publicación a un chat y termina en un enlace de pago o transferencia. 

La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito ha señalado el vínculo entre falsificaciones y crimen organizado, recordando que estos mercados afectan lo que consumimos, 
usamos o incluso medicamentos, y que muchas veces se subestima su conexión con redes transnacionales. 

REDES SOCIALES: EL NUEVO “MOSTRADOR” DEL CONTRABANDO Y LA FALSIFICACIÓN 

Hoy, la venta de ilícitos ya no depende solo de un marketplace tradicional. Las redes sociales se han convertido en un canal de comercialización donde el contenido puede ser persuasivo, veloz y difícil de rastrear. 

La Europol documenta prácticas como ventas por transmisiones en vivo y publicidad de falsificaciones que redirige a enlaces externos o marketplaces alojados fuera de jurisdicción, lo que complica la trazabilidad y la acción oportuna. A su vez, la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos mantiene reportes anuales sobre “mercados notorios” por falsificación y piratería, destacando cómo plataformas y servicios digitales pueden facilitar la distribución de productos ilegales cuando no existen controles efectivos. 

En este ecosistema, el consumidor queda expuesto: un producto ilícito no garantiza calidad, no respalda su origen, no asegura condiciones sanitarias, no ofrece trazabilidad real y suele carecer de mecanismos formales de reclamación. Es decir: la compra no termina en la transacción; empieza el riesgo. 

CENTROAMÉRICA: CUANDO LO DIGITAL ACELERA MERCADOS CRIMINALES EXISTENTES 

En nuestra región, el desafío se agrava por un contexto de convergencia criminal: contrabando, falsificación, corrupción, lavado y control territorial pueden operar de forma interconectada. El Global Initiative Against Transnational Organized Crime incluye el comercio de bienes falsificados como uno de los mercados criminales medidos para Centroamérica, reflejando que no se trata de un fenómeno aislado sino de un componente del mapa de criminalidad regional. 

Eso significa que, si la región no fortalece su respuesta, el e-commerce puede convertirse en un acelerador de lo que ya existe: redes con rutas, contactos, bodegas, mensajería, capacidad de intimidación y captura de rentas ilegales. 

EL EQUILIBRIO CORRECTO: REGULAR PARA PROTEGER LA INNOVACIÓN, NO PARA FRENARLA 

La conversación clave no es “más regulación” versus “menos regulación”. Es mejor regulación: aquella que blinda al negocio formal sin castigar a quien innova y compite con reglas. 

¿Qué tipo de medidas están demostrando ser relevantes a nivel internacional? 

• Trazabilidad y transparencia digital: 
obligaciones razonables de identificar vendedores, registrar historial y preservar evidencia digital en casos de denuncia. 

• Responsabilidad proporcional de plataformas: 
sistemas de notice-and-action eficaces, reincidencia con consecuencias y cooperación ágil con autoridades. 

• Gestión de riesgo en pequeñas consignaciones: 
enfoque aduanero basado en inteligencia, datos anticipados y perfiles de riesgo (no inspección “a ciegas”). 

TRACIT — Transnational Alliance To Combat Illicit Trade — ha advertido que el aumento de compras online y el uso de paquetes pequeños es aprovechado por criminales para diversificar envíos y reducir detección, presionando las capacidades de control. 

• Protección al consumidor: 
mecanismos para alertas, retiros de producto, verificación de autenticidad y canales simples de denuncia. 

• Coordinación público-privada: 
para que la evidencia se convierta en casos, y los casos en acciones sostenidas, no decomisos aislados. 

Si el objetivo es proteger el futuro del e-commerce, entonces la prioridad es cerrar espacios a la impunidad digital sin aumentar la carga innecesaria al comercio formal. 

Preguntas incómodas que ya no podemos postergar 

• ¿Puede una economía digital ser sostenible si normalizamos que una parte creciente del consumo ocurra sin trazabilidad, sin garantías y sin origen verificable? 

• ¿Qué incentivos y obligaciones deben tener plataformas, pasarelas de pago y operadores logísticos para evitar que el sistema sea explotado por redes criminales? 

• ¿Estamos construyendo políticas públicas que protejan al consumidor y al emprendedor formal o estamos dejando que la innovación compita en desventaja frente a la ilegalidad? 

• ¿Qué costo tendrá para la confianza y para la inversión un mercado digital donde “lo barato” se vuelve sinónimo de “lo riesgoso”? 

¿Qué necesitamos cambiar hoy para que la tecnología sea una palanca de formalidad, y no un atajo para el contrabando y la falsificación? 

Las preguntas ya están sobre la mesa. La diferencia la marcará si las respondemos con acciones: con estándares, controles inteligentes y responsabilidad compartida entre Estado, plataformas y actores formales. 

Blindar el comercio digital no es un tema técnico, es una decisión de competitividad, salud pública y futuro. No se trata de elegir entre innovación o control; se trata de asegurar que la innovación crezca sin ser capturada por la ilegalidad. 

Desde CODECOF insistimos en una idea simple y urgente: la innovación requiere reglas claras y protección efectiva. Blindar el e-commerce es proteger empleo formal, seguridad del consumidor y competitividad país.